Achicoria – Introducción

A finales del siglo XVIII, en Europa, la achicoria se cultivaba por sus raíces, que se utilizaban
para mezclarlas con el café.
Un belga llamado Brezier descubrió que las hojas blancas de la achicoria eran comestibles, pero mantuvo el secreto de su descubrimiento durante toda su vida. Después de su muerte, la achicoria se convirtió en una verdura muy popular, primero en Bélgica y más tarde en toda Europa.
Su nombre flamenco es witloof, que literalmente significa “hoja blanca”, y la característica palidez del color de sus hojas se debe a que es cultivada en la oscuridad: cuanto más clara es la hoja, menos amargo es su sabor.
La achicoria puede comerse cruda, aunque es frecuente cocerla, ya sea al horno, a la sartén o simplemente hervida. Para comerla cruda, se separan las hojas y se sirven con fruta como naranjas o uvas, que contrarrestan el sabor ligeramente amargo de la achicoria.