Diente de León – Introducción

Cualquier niño pequeño que haya dado dientes de león para alimentar a su conejito o a su hamster y que haya visto cómo éstos se los zampan ávidamente, comprenderá que esta planta, calificada como hierbajo por el jardinero de la familia, tiene que tener alguna virtud.
A algunos jardineros les encantan los dientes de león, y cultivan esa planta con mucho cariño porque con sus hojas frescas y tiernas se pueden preparar unas excelentes ensaladas; y de hecho en Francia esta planta suele encontrarse a la venta en muchos mercados.
Si echamos un vistazo a un libro de hierbas medicinales, seguro que uno de sus protagonistas serán los dientes de león. Esta planta es un conocido diurético y el nombre francés de la misma, Píssenfits “mear en la cama” así lo afirma de manera inequívoca. Aunque siempre resulta gratificante recoger verduras en el campo, si a uno le gustan los dientes de león lo más recomendable es comprar semillas domésticas y plantarlas uno mismo.
De este modo se obtienen unas hojas más jugosas y menos amargas. Pero si recoge dientes de león silvestres, procure hacerla lo más lejos posible de las carreteras y lave siempre concienzudamente las hojas.
Las hojas de diente de león pueden usarse en ensaladas o en la receta de píssenfits aufard, que consiste en unas tiernas hojas de diente de león aliñadas con una vinagreta y cubiertas con finísimas lonjas de carne de cerdo o de bacon.